Jose david Carreño


Dijous, 13.9.2018. 12:24 h

La séptima diada en Cataluña, la de los presos y los exiliados.

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Al mismo tiempo que dimitía, o estaba a punto de hacerlo, la ministra de Sanidad Carmen Montón, el independentismo se daba otro baño de masas llenando la diagonal de Barcelona de punta a punta. Más de un millón de personas, según la guardia urbana, acudían a la cita organizada por la ANC y Omnium Cultural para reivindicar la república catalana, la libertad de los presos políticos, y el retorno de todos los exiliados repartidos por Europa.

El inicio de la concentración estaba previsto para las tres de la tarde. Ya desde las doce, la ciudad empezó a llenarse de esteladas y símbolos independentistas por todas partes. Miles de paraditas, con parafernalia del movimiento, empezaron a repartirse por todo el centro de la ciudad.


“No es una diada normal, puesto que vivimos una situación excepcional, políticamente de una gran gravedad, desde que Cataluña celebró su referéndum de autodeterminación el día 1 de octubre y proclamó su independencia el día 27. Hoy empieza la marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales del pueblo catalán”.


De esta forma empezaba su discurso mañanero el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra. Recordando las medidas que puso en práctica el estado español, después de la declaración de independencia del año pasado. Estas supusieron la aplicación del artículo 155 a una región del estado español, por primera vez en toda la historia, y la encarcelación de gran parte de la cúpula del gobierno catalán, como el vicepresidente Oriol Junqueras o el consejero de interior Joaquim Forn. Los políticos exiliados a otros países europeos también estuvieron muy presentes en la mente de todos los asistentes. Sus abogados estuvieron presentes en el acto central y pronunciaron un discurso en su lugar.


El abogado de Clara Ponsatí, Aamer Anwer, centró su mensaje en reivindicar y denunciar la vulneración sistemática de los derechos civiles por parte del estado español al pueblo catalán, no permitiéndole votar en un referéndum pactado. Por otro lado, Ben Emerson, abogado en Europa de 7 de los 9 encarcelados, quiso poner el acento en los pasos a seguir a parir de ahora para que la República Catalana se materialice a corto plazo. Llegó a asegurar al final, que era la última diada de Catalunya como una región de España.


También se sumaron a la fiesta muchos actores, políticos y personalidades de todos los ámbitos de la sociedad catalana. Se respiraba un ambiente tranquilo, sin incidentes, y sin ninguna clase de actos violentos. Esto hay que remarcarlo porque en las manifestaciones convocadas por la otra parte, la violencia y la intolerancia siempre hacen acto de presencia.


En paralelo, Albert Rivera, líder de Ciudadanos, quiso calentar el acto con este mensaje que no dejo indiferente a nadie: “Hoy millones de catalanes no pueden celebrar el día autonómico de Cataluña”. El partido naranja organizó un evento en la plaza del Rey de Barcelona. En él, asistieron más de 50 altos cargos del partido, y el líder naranja estuvo acompañado en todo momento por Inés Arrimadas. Por lo que al público se refiere, prácticamente no hubo gente, en un acto más que discreto, del principal partido de la oposición.


La onda sonora programada para las 17:14, se oyó en toda la ciudad y un año más, las entidades que organizaban la fiesta de la Diada, lograron sus objetivos: este año tocaba llenar la diagonal de Barcelona y se consiguió. Nadie puede negarlo. Más de 1500 autobuses se desplazaron hasta la capital, llenos de manifestantes, para asistir a la gran celebración.


Por su parte el Partido Popular, con su líder, Xavier García Albiol, también organizó un acto en Santa Coloma de Gramanet y, en su discurso, tildó al presidente de la Generalitat de loco e iluminado. Sobra decir que asistieron 3 personas, y que fue un fracaso absoluto de los populares catalanes, que se han convertido en un partido residual en tierras catalanas.


Un año más, los catalanes salieron a la calle para pedir a la comunidad internacional que presione al estado español, y la represión se acabe. Hay que recordar que todos los políticos exiliados han sido declarados inocentes en sus países de acogida y, por lo tanto, pueden circular libremente por toda Europa. Solamente en España continúan vigentes sus supuestos delitos y sus ordenes de detención.


La situación se ha relajado un poco con el cambio de gobierno en Madrid, pero Pedro Sánchez debe asumir su responsabilidad, e iniciar un dialogo que lleve a todas las partes a encontrar una propuesta viable para esta enquistada situación. Los políticos deben solucionar los problemas de la gente, y está claro que, en este caso, no ha sido así. Ya iría siendo hora de sentarse a hablar como personas civilizadas que viven en una sociedad democrática y europea. A lo mejor es mucho pedir. El tiempo nos lo dirá.

 

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