Pedro I. Altamirano


Dimarts, 20.11.2018. 11:55 h

Catalunya no conseguirá la independencia sin el apoyo de los andaluces

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El mayor error humano es no querer comprender. Le sigue, muy a la zaga hablar sin conocimiento de lo que habla. Por decir, ya lo dijo Mao: “Quien no se informe, que no hable”; lo cual no es una invitación a no hablar, como lo interpretan los voluntarios desinformados malintencionados, sino a informarse. Es el mejor camino para no errar, para no crear conflictos innecesarios. Porque, aunque la solidaridad es la ternura de los pueblos, ni siquiera es necesaria para saber que, juntos somos más fuertes. Sin discusión. Sin duda. Pero sólo lo entenderán, hoy como ayer, quienes tienen interés en informarse para poder hablar con propiedad. Si hay un pueblo, una nación que ha peleado por su independencia a través de los siglos, este es, sin duda alguna, Andalucía, el pueblo andaluz.

Vamos a tomar nota: La Oróspeda e Híspalis, 570; Arunda, Híspalis, Astigi, Carmo y Emérita Augusta, 580 a 582.; la Betica, 711; Sagrajas, 1086; Alarcos, 1195; conquistados por ejército conjunto de Castilla-León, Aragón-Cataluña, Portugal, Navarra, Francia, Sacro Imperio y Papado entre 1245 y 1492, asedio y masacre en Málaga, 1486; las Alpujarras, 1568 a 1571; Revuelta de El Halcón, 1580; República de Andalucía, 1641; Marcha de la Penibética de las mujeres de Casares 1750; Revueltas del pan (varias); Junta Suprema de Sevilla, 1808; Rafael Pérez del Álamo (De Arahal a Loja), 1829; Movimiento juntero, con Junta Suprema en Andújar, 1835; Revolución Gloriosa, 1868; Cantonalismo, 1873; Pacificación de Andalucía, de Pavía, 1876; Constitución Federal de los cantones andaluces, 1883(*); Centros andaluces, 1915; Primer Proyecto de Estatuto, 1917; Junta Liberalista de Andalucía, 1931; Presentación proyecto de Estatuto, 1935; Campaña pro-Estatuto 1936 (votación prevista para septiembre). Votación Autonomía por el articulo 151 de la Constitución, 1980, aprobado por el 93% de los votos emitidos.

Son sólo algunos de los momentos, de los hitos más importantes de una historia de revoluciones, de rebeliones, todas alentadas por el sentimiento de INDEPENDENCIA, por no aceptar el papel de tierra conquistada. Todas han recibido la más dura represión; todas han sido ahogadas en sangre, en mucha sangre, una vez tras otra (**). Incluso en la Manifestación del 4 de diciembre de 1977, con un asesinato sin aclarar cuarenta años después. Si en el reino de España alguna de las naciones incluidas ya sea voluntariamente o a la fuerza, se ha rebelado en reclamación de su independencia y ha sufrido represión dura, muy dura, esta ha sido Andalucía. Las rebeliones andaluzas no han sido nunca para cambiar un rey por otro (como la guerra de sucesión) ni para anexarse a Francia ni a ningún otro país, tampoco para conquistar una República española, federal o confederal, sino una República Federal Andaluza, que es muy distinto. Ojo, que en la relación anterior, no están las múltiples revoluciones y levantamientos campesinos. En 1935 la Junta Liberalista ya avisó, y lo dejó escrito su líder, Blas Infante, que las cañas se volverían lanzas y Andalucía debía “separarse de esta España que nos desprecia”.

Cuestión distinta es que, tanta represión, tanta sangre, tanta hambre provocada, inducida por el poder centralista para beneficiar a otros, y tanta propaganda, desde la escuela a los medios de comunicación, haya llegado a adormecer el espíritu revolucionario de muchos andaluces. Pero toda situación inducida es reversible. Y en el siglo XXI ha renacido el mismo sentimiento que alentó a los andaluces en todas las ocasiones anteriores.

Pero esto no pretende ser una lección de historia, que por otro lado siempre es, debería ser de agradecer, es una afirmación rotunda, contundente, del sentimiento andaluz por recuperar nuestro Estado, nuestra República, nuestra independencia. Desde este aporte histórico, las naciones, no son territorios, sino culturas, los pueblos, el pueblo, podemos afirmar, y que nadie se ofenda, ya que al actual pueblo de Catalunya merece todo el mérito, todo el reconocimiento por su indudable lucha por su independencia, pero del mismo modo y/o al mismo tiempo, por la lucha por la libertad y la democracia de todos, que si Catalunya se encuentra en estos momentos en el momento que está, no es sólo mérito catalán, que repetimos, es mucho y de agradecer, sino al verdadero peligro que suponen Andalucía y Euskadi para la integridad del actual Estado español.

El actual Estado español, dedicado a vigilar los movimientos vascos, y por otro lado, entretenido en controlar, machacar cualquier intento andaluz por recuperar el espíritu independentista de Blas Infante, y desarmar el movimiento del “cura” Diamantino García Acosta, fundador del SOC (Sindicato Obrero del Campo) y los movimientos nacionalistas del entonces Partido Socialista de Andalucía (PSA), después Partido Andalucista (PA). Miedo, como siempre mucho miedo a que el pueblo andaluz levantara la bandera verde y blanca del “volver a ser lo que fuimos” que dicta nuestro actual himno, que no es otra cosa que el “volver a ser independientes y prósperos”, se olvidó de la Catalunya de Tarradellas y de Jordi Pujol, esos que, en teoría daban apoyo a los Gobiernos de España a cambio de pasta: estabilidad a cambio de pesetas antes, euros después.

Esto es más que evidente, Catalunya, al menos en apariencia, parecía estar “controlada”, no representaba ser ningún peligro para la integridad del territorio “nacional español” siempre que, a cambio de inversiones, apoyara, y eso es de verdadero peso para la historia, sucesivos gobiernos de España, y de paso, en el mismo paquete, se afianzaba la Corona de España. Sí, Catalunya sostuvo muchos lustros, a los gobiernos de este modelo de España. Quizás si no hubiese aportado tanto apoyo, hoy estaríamos todo más avanzados en las libertades.

Pero del mismo modo hay que reconocer que se supo aprovechar, de modo magistral, tan calma política y falta de control político español, para hacer los deberes. Mientras que España miraba por un ojo y luchaba contra ETA y por el otro, con la inestimable ayuda del PSOE, apagaba cualquier intento de organización nacionalista andaluz, Catalunya hacia los deberes: inmersión en la lengua catalana, profundizaba en la cultura e identidad nacional catalana, y un largo etcétera que hoy vemos y compramos. Una magistral utilización de los recursos catalanes en el bien del pueblo de Catalunya. Esto es innegable a la vista de los resultados en la educación, conciencia y movilización del pueblo catalán.

Este saber jugar con los tiempos es, repetimos, magistral y de admiración. Pero ello no garantiza, y a los hechos me remito, ni la independencia, ni mucho menos la República. Una cosa es hablar o el voluntarismo, y otra bien distinta la conclusión de los hechos. En este terreno, los responsables del proceso hacia la República han fracasado de forma clara. Se habló demasiado al pueblo, se le prometió el cielo, la independencia, la República. Se sacó a la mitad de los catalanes y catalanas a la calle, se les convocó a un referendo en que, las fuerzas policiales españolas, les partió la cara de forma literal, se escenificó la Declaración Unilateral de Independencia, y, a la hora de la verdad, nada, marcha atrás, para decepción de todo un pueblo en la calle dispuesto a todo, incluso a dar su vida por la República Catalana. Si nos permiten un exceso, diremos que, el pueblo, como siempre, estuvo y está, muy por encima de sus representantes, ese pueblo que no merece unos políticos que dan la razón al Gobierno de España, ese que dice que Catalunya sigue sin ser un verdadero peligro para la integridad del territorio español. No por el pueblo, sino por sus dirigentes.

Es por ello, por todo ello, y desde el respeto máximo, admiración y apoyo al pueblo de Catalunya por demostrada determinación en la lucha por la República Catalana, disentimos de forma clara de lo expresado por el admirado y respetado Ramón Cotarelo cuando afirma “la independencia de la República Catalana será obra de los/as catalanas/es y no depende de avatar alguno en el vecino reino, ni siquiera el de que deje de ser reino para transformarse en República”. La República Catalana será, como cualquier República que se precie, obra del pueblo de Catalunya, pero eso no significa, ni certifica de modo alguno que el resto de pueblos que compartimos el suelo de la península Ibérica, seamos menos pueblo, menos República, ni menos independentistas que los catalanes. Los Andaluces no somos, ni queremos formar parte de ningún reino desde el último reino que fuimos, el de Granada. Queremos nuestra independencia, nuestra República, por la que siempre hemos luchado y lucharemos. No queremos dejar de ser reino para transformarnos en republicanos españoles, queremos ser Republicanos sí, pero republicanos andaluces, ya que Andalucía, tenga esto muy en cuenta, no es como las demás, sino como la que más, detalle este que creemos desconoce y debería conocer y ser consciente de ello, antes de tratar a Andalucía como a las demás.

Permita otro exceso, Catalunya nunca consiguió, ni ha conseguido, ni por desgracia conseguirá la República por sí misma. Hecho este que, repito, está y ha quedado más que claro. Es momento que aquellos que aún continúan en esa fantasía, levanten la mirada del ombligo y miren alrededor. Hay Republicanos independentistas en Euskadi, Galicia como usted afirma, pero del mismo modo en Andalucía y Canarias. Si Canarias que, cuando en otros territorios el pensamiento de independencia era vago, un señor llamado Antonio Cubillo, ya en 1964 crea el Movimiento por la Autodeterminación del Archipiélago Canario MPAIAC, a la que tanto le debemos los demócratas por sus emisiones desde Argel de su “La Voz de Canarias Libre”.

Son muchos los intentos de independencia sin ningún resultado, y seguiremos por ese camino de la unilateralidad, sin resultado alguno para ningún territorio. Nos enfrentamos con un Estado, si, un Estado que nos oprime, y como cualquier Estado, con todas y cada una de las armas que los Estados tienen: Poder Judicial, Ejército, medios de comunicación públicos, fuerza pública y muchos recursos económicos. Por todo ello, cualquier intento de independencia unilateral es, y será imposible. O nos apoyamos todos y cada uno de los territorios que nos queremos independizar de España, por pequeño que pudiera parecer, la fuerza no la dan los números, sino la determinación, o ni Catalunya, ni Euskadi, Galicia, Canarias o Andalucía lo conseguirá por sí solas.

En por todo ello, y con la generosidad que siempre nos ha caracterizado, los andaluces ofrecemos una vez más nuestra mano tendida en un doble sentido: en primer lugar, para apoyar todos los movimientos liberadores de todos los pueblos del mundo. Y, con más motivo, a los más cercanos. Y en segundo lugar porque nos podemos y nos debemos apoyar mutuamente. Porque, lo diremos una vez más, juntos llegaremos antes y más lejos. Quien sólo vea un intento de apoyarnos en un movimiento emancipador, estará dejando a la vista su egocentrismo, su ausencia de sensibilidad y su insolidaridad, porque el egoísmo, ciega. Será su exclusivo problema, y exclusiva culpa. Por fortuna para todos y para todo, Cataluña no desprecia a Andalucía, como hacen algunos iluminados crecidos en el absurdo. Aunque nuestro movimiento sea aún menor que el de Cataluña -tampoco el de Cataluña era tan fuerte hace sólo veinte años- tiene la misma ilusión, el mismo derecho y los mismos o más motivos, como ya se ha reseñado, porque, aunque cada caso tenga un tratamiento, en ambos hay en común más de lo que separa. Sólo los ciegos voluntarios, sólo los egoístas no querrán verlo. Allá cada cual con su conciencia y con su consciencia.

Rafael Sanmartín // Pedro I. Altamirano
Asamblea Nacional Andaluza
 
(*) Conocida como “Constitución de Antequera”, dice en su artículo 1º:
Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior a la de las autonomías cantonales que le instituyen por este Pacto”.

(**) Como ejemplo gráfico, baste el informe presentado por D. Juan de Austria a su hermanastro Felipe II, en el que afirma “haber sentido náuseas, haberle repugnado”, verse obligado a cumplir la orden recibida del rey.
 
 
 
 

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